| El fin del comunismo, cantado
hace ya más de una década, no habría constituido,
en realidad, más que el fin de la ideología “comunista”,
del comunismo utópico, devenido reaccionario en nuestra
época.
Estaríamos asistiendo, en el plano histórico, al tiempo
final del capitalismo, una vez que éste se hubiera mostrado
ya, ante nuestros ojos, incapaz de deparar a la humanidad otro
porvenir que no sea el de la crecientes miseria y explotación,
el del criminal desempleo y la rampante precariedad, el de la
escalada de las masacres bélicas.
Estas últimas, por ende
—expresión, a la vez, de la naturaleza y de las necesidades
actuales más imperativas del sistema— no podrían
seguir limitadas, sine die, a la periferia del capitalismo, que
hoy ya devastan. Acabarían, inevitablemente, por prender,
de nuevo, en el centro mismo de la sociedad burguesa, arrastrando
a ésta a una nueva guerra mundial entre las principales
potencias imperialistas de cuyo horror indecible emergería,
a título de defensa propia del doliente ser humano, la
definitiva revolución comunista…
Tal es la despiadada perspectiva
que traza el autor en este libro. El indudable terror que produce
ese horizonte, ¿es razón suficiente para descartarlo
justo cuando la «guerra preventiva» se enseñorea
del planeta?
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