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Si
es verdad que la guerra es la continuación de la política por otros medios,
no lo es menos que un conflicto bélico, como el aún reciente en nuestra
memoria de los Balcanes, pone a prueba a todas y cada una de las políticas
existentes; de hecho, al conjunto de la sociedad.
El libro de Ignacio Rodas, escrito durante la guerra, tiene una
virtud que le diferencia netamente del griterío, instrumentalizado por uno
u otro bando, que se desencadenó en torno a la brutal contienda: no se
ocupa, pese al acopio de documentación que contiene, de las circunstancias
de la guerra. Por el contrario, huyendo de un fácil análisis de coyuntura,
la obra desvela, sobre bases fehacientes, precisamente lo que cualquier
espíritu social vivo echó a faltar en aquel inmenso coro oficial y oficioso
que derramaba lágrimas de cocodrilo por el conflicto... mientras sostenían,
en sus criminales acciones contra los explotados y oprimidos del conjunto de
los Balcanes, o bien a la OTAN imperialista, o bien a la no menos burguesa
y represora de los trabajadores Yugoslavia de Milosevic, a saber: la
explicación de las causas reales de la guerra y, en consecuencia, con ello,
el avance de la vía de su auténtica solución.
Situada en un marxismo, desconocido en la presente escena social,
pero que abruma por su coherencia histórica, La guerra de los Balcanes y
nuestros propios criminales nos descubre los motivos de fondo de la
insostenible situación que padecen los Balcanes en la dinámica vigente en
el substrato económico de la sociedad capitalista de nuestros días y en la
maduración, paso a paso, tan soterrada como ineluctable, que aquélla
comporta de los conflictos entre los grandes Estados. De tal modo, esa
guerra ardiendo a las puertas mismas de la Europa avanzada, que fue la
guerra de los Balcanes, no constituyó más -así lo demuestra la obra de
Rodas- que otro movimiento de la partida mundial de ajedrez que juegan los
grandes imperialismos en el fatal camino del estallido del tercer gran
conflicto bélico a escala mundial. Sólo del seno de ese nuevo pozo de
miseria y muerte, de nivel sin precedentes, hacia el que el capitalismo
está abocando a las masas de todo el orbe, emergerá -asegura el autor- la
única solución posible, y drástica donde las haya, para hacer realidad una
verdadera paz en el mundo: la nueva revolución proletaria mundial, esta vez
destinada a imponer su ley.
Los hechos, inapelables, han empezado ya a resolver sobre el
verdadero valor del libro. El reconocimiento, ya hecho público, por parte
de la OTAN y de los Estados que forman parte de ella, de que sus tropas, a
la vez alardeaban de "defender los derechos humanos", no tuvieron
escrúpulo alguno para bombardear con uranio radiactivo a la inerme
población trabajadora de la zona, supone tanto como darle la razón a Rodas
en su valiente denuncia, derrotista revolucionaria, y firmada de puño y
letra, de "nuestros propios criminales".
Por lo demás, el implacable rigor, característico de toda una
escuela histórica, con el que la obra despliega su contenido, de absoluta
actualidad, obliga a todo lector verdaderamente libre de prejuicios a tomar
buena nota de la dura previsión social efectuada por ésta.
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